Barcelona-Timişoara


Pese a algunos malos entendidos, el viaje en general, ha salido perfecto, sin retrasos, inconvenientes o cambios de planes … Como casi todos mis viajes, empezaría en Barajas, donde debería haber tomado un vuelo directo a Barcelona, para reunirme con mi novia y su primo; pero por motivos económicos, decidí volar a Santiago, y desde allí comenzar el viaje los tres juntos; además, así, aprovecharía para ver al hermano de mi novia, aunque una llamada de última hora, confirmaba que su trabajo impediría que nos viéramos ese finde, así que nada, otra vez será, otra nueva escapada se planeará … En Santiago, tras los saludos y presentaciones oportunas, repusimos fuerzas (yo, con mi explosiva mezcla de CocaCola para combatir el sueño, y algo de paracetamol, para reducir los síntomas del constipado), y pronto tomamos el primer vuelo de Vueling a Barcelona; aunque suene raro, salimos y llegamos sin retraso alguno, por lo que disponíamos de tiempo suficiente para dar una pequeña vuelta por la Ciudad Condal (mi novia y yo, y la conocíamos, pero su primo no); comenzaríamos nuestro periplo, en la famosa Plaza de Espanya, con las impresionantes panorámicas hacia el Palau Nacional (Museo Nacional de Arte de Cataluña, desde 1934), situado en la montaña de Montjuïc, en la cual, aún se conservan las instalaciones que nos permitieron acoger las Olimpiadas de 1992, además de otras muchas otras dedicadas al mundo del deporte.

Los elementos arquitectónicos de la Plaza de Espanya (la fuente, de estilo romano, y las famosas torres venecianas), junto con el Palau Nacional, fueron creados para la Exposición Internacional de 1939. Una vez admirado y fotografiado el conjunto, continuamos por la Gran Vía, dejando atrás la antigua Plaza de Toros (dentro de un mes, abrirá sus puertas al público como un moderno y atractivo Centro Comercial y de Ocio); continuamos hasta el Paseo de Gracia, testigo indudable del tránsito entre la ciudad de Gracia y la ciudad de Barcelona hace dos siglos. ¿Por qué nos detenemos en el Paseo de Gracia? Muy sencillo, para admirar otra obra impresionante de ese gran genio que fue Gaudí: la Casa Batlló, ese gran escaparate arquitectónico que no deja indiferente al viandante; curiosas formas labradas en arenisca y entremezcladas con madera y vidrio a merced de la curva mente del artista, ansiosa por plasmar su peculiar idea del paraíso. Cada vez que paso por Paseo de Gracia 43, me acuerdo de esos dibujos en 3D ó las láminas psicodiagnósticas de Rorschach, en las que cada individuo consigue ver una forma diferente, y que rara vez coincide con la opinión de los expertos; a mi novia le recordaban a huesos, a mí a un bosque animado, y si le preguntamos sobre el tema a un arquitecto, podría estar horas y horas hablándonos sobre el tema; no sé, creo que lejos del significado o conocimiento real sobre la materia, a mí me transmite felicidad, tranquilidad, y bienestar, que supongo que, al fin y al cabo, el desaparecido Genio sería lo que quería transmitir.

Para terminar nuestra visita, continuamos por la Calle Mallorca, hasta toparnos con otra maravilla de tan maravilloso genio; el mismo: Gaudí, y su inacabada Sagrada Familia; comenzada en 1882, es la obra más representativa del modernismo catalán, y al igual que en la anterior, hay un sinfín de interpretaciones acerca de esas formas características por parecer mostrarse desafiantes a la gravedad; desconocedor en materia arquitectónica, si me atrevo a destacar esa proyección espacial que presenta el conjunto, y que parece ser ascendente, gracias a las innovadoras torres cónicas; en lo que al campo ingenieril se refiere, sólo una palabra me ronda la mente para definir a Gaudí: genio; basta fijarse en cómo se está acabando de construir la obra actualmente, y cómo lo hizo él en su día (supuestamente, no contaba con tantos avances como los que tenemos hoy en día).

Dialogando en el Metro sobre el tema, terminamos nuestro breve paseo por Barcelona; un tren de Cercanías, nos devolvería otra vez al Aeropuerto del Prat, donde comenzaría la segunda parte del viaje, con un vuelo directo de WizzAir a Timişoara. Se trata de una ciudad rumana bastante importante (capital de la región de Timiş), situada cerca de la frontera con Serbia; en algunas de sus plazas, parece que el tiempo se haya detenido, pero la influencia multicultural, la convierten en una ciudad moderna y cosmopolita (como así lo demuestran sus cinco universidades). Aunque es bastante extensa, el casco histórico (lo realmente interesante para el turista), es bastante pequeño, y se puede recorrer con facilidad en un par de horas, por lo que disponíamos de suficiente tiempo para cenar, tomar unas cervezas y descansar bien antes de salir a recorrerla. Tras el desayuno, comenzaríamos por la Catedral Metropolitana, situada al final de la Plaza Victoria; se construyó en 1946 inspirada en una mezcla de diseños que iban desde algunos monasterios de Moldavia, hasta la Santa Sofía de Estambul; como patrones, tiene a los Tres Jerarcas (Juan Crisóstomo, Basilio el Grande y Gregorio Nacianceno) y al primer obispo de la ciudad (San José el Nuevo); impacta su enorme tamaño, repartido verticalmente entre sus once torreones cubiertos de cerámicas, y que pueden ser observables desde casi cualquier parte de la ciudad.

Seguimos hacia la Catedral del Milenio (llamada así, por ser construida para conmemorar la entrada del pueblo húngaro en Rumanía), finalizada allá por el 1900 en estilo neogótico; en ella, podemos destacar las dos enormes torres simétricas, y la gran campana de casi tres toneladas de peso. Continuamos nuestra excursión hacia la Plaza de la Unificación (llamada así, por tener dos iglesias de religiones diferentes construidas una enfrente de la otra), el verdadero centro de la ciudad, lleno de vida que se va repartiendo entre los múltiples cafés que invaden todos los bajos de los preciosos edificios multicolores; dichos edificios se reordenan alrededor de una estatua barroca y una antigua fuente que abastecía de agua a la ciudad, hace más de 200 años.

No pasamos por alto el Bastión de María Teresa (restos de la muralla defensiva con la que contaba la ciudad en 1700), la Plaza de la Libertad (la más antigua de la ciudad, donde se instalan los mercadillos medievales; nexo de unión entre las anteriores plazas visitadas; cuenta con una estatua central, en honor del Patrón de la Región), La Plaza de Trajano (aunque está situada un poco más lejos, merece una rápida visita, para descubrir la fábrica de cerveza más antigua del país, y la primera iglesia ortodoxa rumana) y la Casa del Príncipe Eugenio de Saboya.

Después de ver toda la ciudad, y degustar algunas cervezas locales (producidas en la fábrica de cerveza mencionada), intentamos coger el bus al Aeropuerto, pero casualmente, los Domingos no pasaba, así que, con los pocos leu rumanos que nos quedaban, conseguimos un taxi bastante barato. La siesta durante todo el vuelo de vuelta, demostraban la gripe y el cansancio acumulados antes y durante el viaje; al aterrizar, Sandra y su primo, tomarían otro avión que les devolviera a Santiago de Compostela, poniendo fin a otra intensísima escapada.

Fotos de Barcelona (canal personal Facebook)

Fotos de Timişoara (canal personal Facebook)

Fotos de España (página eresloqueviajas Facebook)

Fotos de Rumanía (página eresloqueviajas Facebook)

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Recién llegado de Ibiza …


Un poco más tarde de lo previsto, pero por lo menos he conseguido llegar sano y salvo; y es que, cuando dicen que esta isla engancha, lo dicen de verdad; y no por su belleza, su armonía, o su clima, sino más bien por los excesos que puedes sufrir en los alrededores de cualquiera de sus cientos de pubs y discotecas. Así que, por mucho que os hable de los restos fenicios que se encuentran en el Sur de la Isla, ó la fortaleza medieval de la zona elevada de la ciudad, realmente Ibiza es mundialmente conocida por el Pachá, Space, Privilege, Paradise, Amnesia, Café del Mar, y un largo etcétera. Estos singulares antros, tienen la culpa de que el reloj se pare a partir de una cierta hora de la madrugada, pierdas la noción del tiempo, y nunca te des cuenta de a qué hora tienes que volver a casa (ó al hotel, ó a coger el avión de vuelta a la normalidad); así fue, que perdimos el avión de vuelta a Madrid, y tuvimos que volver casi doce horas después por Barcelona.

Sólo íbamos por una noche, a celebrar el cumpleaños del hermano de mi novia, pero como estaba previsto, la noche se alargó demasiado. Durante tal prolongación, recuerdo que aprovechamos una franja horaria en la que el Sol estaba sobre nuestras cabezas, para poder recorrer las callejuelas de la zona alta, llamada Dalt Vila. Fue aquí, donde los primeros fenicios se asentaron tras abandonar el poblado de Sa Caleta (los restos fenicios de los que os hablaba al principio); eligieron un sitio elevado desde donde pudieran controlar toda la bahía, lo amurallaron, y establecieron un buen puerto comercial (típico); tras la destrucción de Cartago, la ciudad caería en manos del Imperio Romano, y después de su caída, pasaría a formar parte del Emirato de Córdoba; serían los musulmanes quienes reconstruirían las murallas defensivas, para luego Felipe II ampliar su grosor y proteger la ciudad de ataques otomanos y piratas; así es como observamos hoy en día dicho recinto amurallado finalizado en el siglo XVI (declarado Patrimonio de la UNESCO en 1999).

Tras elegir una de las cinco puertas de acceso, entramos al recinto, y además de las preciosas vistas sobre Ibiza (incluso Formentera), no podemos dejar de visitar la Catedral, el Palacio Episcopal, el Convento de los Dominicos (Ayuntamiento de Ibiza), el Castillo y el Museo Arqueológico. Obviamente, en unas cuantas horas (que yo recuerde!!!), no da tiempo a verlo todo, pero volveremos, y seguramente con coche de alquiler, para ver otros pueblos (con menos fiesta, ya que perderíamos otra vez el avión), los restos del primer asentamiento fenicio, el Parque Natural de las Salinas, las pinturas rupestres de Fontanellers, la Reserva de Cala d’Hort, y los alrededores de Sant Antoni de Portmany.

Pero bueno, ahora toca recuperarse económica, física y psicológicamente; hay que dinero que reponer, cuidar de no volver a enlazar con aquella gripe que me trajera del anterior viaje, y reflexionar mucho, porque la verdad, es que por cada avión que se pierde, se anulan otros dos viajes completos (equivalencia económica al comprar un avión de vuelta en el último momento). Tras dichas recuperaciones, comenzaremos a preparar la siguiente escapada, en la que aún sin saber el destino, si conocemos el objetivo principal: llevar al primo de mi novia con nosotros (nunca ha montado en avión, y nunca ha salido de España); pronto, más noticias.

Fotos de Ibiza (canal personal Facebook)

Fotos de España (página eresloqueviajas Facebook)

Marsella. Ya he vuelto


Ya he vuelto de mi breve escapada a Marsella, y como de costumbre, muy interesante y satisfactorio el viaje. Ya había leído que era la segunda ciudad más poblada de Francia, despuésPanorámica desde el hotel de París, claro, pero lo que no me imaginaba es que fuera tan grande; y, es que, mirando los planos antes de salir, da la sensación de que Marsella sólo es lo que está alrededor del Puerto Viejo, pero no es así, Marsella es mucho más extensa. Nada más salir del aeropuerto (se llega de forma muy económica con Ryanair, y después hay un bus que por 8,50 € te pone en el centro), nos dio la sensación de estar en otro país, correspondiente más bien al norte de África o sur de Grecia, y así es, que cuando empezamos a recorrer sus calles, pronto nos dimos cuenta  de porque algunos la llamaban la “pequeña Argelia” …

Panorámica desde If

 

Todo el centro histórico, se puede recorrer andando, aunque existen muchas líneas de bus y dos cómodas líneas de tranvía; los barrios de las afueras, también están muy buen comunicados por buses urbanos y por las dos líneas de metro (las dosCastillo de If se juntan en las céntricas paradas de Castellane, Estación de St. Charles y Jules Guesde). Dado Panorámica desde el Puerto Viejo que los hoteles en el centro son carísimos, lo mejor, es coger uno un poco más alejado, pero próximo a alguna estación de metro ya que en menos de 10 minutos estás en el centro; nosotros lo cogimos cerca del Estadio Velódromo (con unas preciosas vistas a la catedral de Notre-Dame de la Garde). Para desplazarnos el primer y último día, cogimos los bonos de grupo (cuanto mayor sea el grupo, más barato sale el viaje individual), y los días intermedios, las tarjetas por días, que por sólo 4,50 € te da acceso ilimitado a todos los transportes de Marsella. Después de recorrer toda la ciudad (andando o en transporte público), creo que lo que ningún visitante debe perderse, es:

  • La basílica de Notre-Dame de la Garde: Situada en una colina, visible desde casi cualquier Basílica de Notre-Dame de la Garde parte de Marsella. De estilo románico-bizantino, destaca sobre todas las demás construcciones. Se puede llegar en el bus 60 (desde el Puerto Viejo).
  • Los fuertes de St Nicolas y Saint-Jean, ambos en los extremos del Viejo Puerto; se puede llegar de uno a otro caminando (unos 40 minutos) y rodeando el puerto, atravesando el puerto en ferry gratuito, o con el bus 83.
  • Catedral de La Major: Del mismo estilo que la basílica de Notre-Dame, se encuentra situada en la entrada del Viejo Puerto; se puede llegar en el bus 83 (cabecera).
  • Abadía de San Víctor: Una de las más antiguas de Marsella, y de aspecto casi de castillo medieval, está situada próxima al fuerte de San Nicolás, teniendo unas preciosas panorámicas del fuerte, la basílica de Notre-Dame y la abadía, desde la parada del bus 83.
  • Museo de Bellas Artes: Destacan algunas fachadas y fuentes del Palacio de Longchamp, que recuerda un poco el estilo de Versalles.
  • Castillo de If: Situado en la isla de If (se accede en barco desde el Puerto Viejo, por 10 € Panorámica de Marsella ida y vuelta), era una antigua prisión en la que se inspiró la novela del Conde de Montecristo; la entrada cuesta unos 4,50 €, y merece la pena; en el castillo, se pueden ver las antiguas prisiones, y hay hasta una sala del terror en la que la tecnología te da una idea de las penurias que debían pasar los prisioneros.
  • Estadio Velódromo: Campo oficial del Olympique de Marseille; se puede llegar fácilmente en metro, bajando en Rond Point-du-Prado o Sainte Marguerite.
  • Puerto Viejo: Centro neurálgico de toda la ciudad; si se puede, es mejor ir por las mañanas, y admirar los mercados y pescaderías improvisadas.
  • Les Calánques: Sucesión de calas y acantilados en las afueras de Marsella; se pueden contratar excursiones desde el Viejo Puerto (preguntar en la oficina de turismo que se encuentra enfrente del mismo).
  • Playas: Muchas son privadas por parte de hoteles o restaurantes, pero una buena opción, es Playa de David tomar el bus 83 hasta la parada David, donde se encuentran dos extensas playas públicas.
  • Archipiélagos del Frioul: Conjunto de islas alrededor de la Isla de If; es una muy buena opción para ir a pasar la tarde, disfrutando de su playas, calas, abruptas rocas desde las que saltar a las cristalinas aguas, ….
  • Perderse por las callejuelas cercanas a la estación central: Parecerá que estás en ciudades del Norte de África.
  • Degustar los platos típicos a base de pescado, y sus postres famosos en forma de barco.
  • Y, para finalizar, llegar al hotel, y descansar con un relajante baño a base de jabones de Marsella.

Supongo que habrá muchas más cosas que ver, y excursiones que se puedan hacer (como acercarse hasta Avignon, o incluso Niza), pero en sólo un fin de semana, no había tiempo para más.

Fuerte de San Nicolás, por la noche Panorámica nocturna del Viejo Puerto

 

Recién llegadito de Dublín …


Ya he vuelto, y no sólo de Oporto, sino que también me he dado una vueltecita por Londres, Cambridge y Dublín. Empezó planificándose como una escapada de fin de semana a Oporto (con esto de los vuelos baratos con Ryanair), y así, mi novia bajaría desde Portugal; pero cuando ya estaba todo reservado, surgió una megaoferta de Ryanair de Oporto a Londres Stansted, y claro, no dudamos en reservarla cuanto antes. Ya en Londres, mi novia tendría que volver desde allí por motivos de trabajo, pero a nosotros nos salía un poco caro, y decidimos volver desde Dublín. Oporto, lo recorrimos de punta a punta, durante todo el día, hasta que por la noche llegara mi novia. Además, ahora, está muy bien, ya que llega el metro al propio aeropuerto, y es bastante barato en relación con otros países; nosotros compramos un billete de 24 horas, que aún resulta mucho más barato, ya que también lo puedes usar en los distintos tranvías y funiculares; si váis varios, ni se os ocurra darle a “dos billetes” en las máquinas expendedoras de billetes de 24 horas, ya que lo único que conseguiréis, es comprar un billete de 48 horas; compradlos de uno en uno. Empezamos en las afueras, viendo el Estádio do Dragão.

Estádio do Dragão

Luego nos fuimos hasta la Estação de São Bento, donde no debéis perderos la decoración interior a base de mosaicos de azulejos tradicionales; desde ahí, visitamos la Avenida de los Aliados junto con la Plaza de la Libertad, desde donde además de una multitud de iglesias y edificios simbólicos, se obtienen unas preciosas vistas de la Catedral (Sé). Nosotros aprovechamos para dejar las cosas en el hotel (los hay desde 20 €), que teníamos cerquita de la Iglesia de San Idelfonso (quizás el cruce de calles más transitadas por los peatones).

Estação de São Bento

Panorámica desde la Catedral

Luego fuimos otra vez hacia Santa Clara (muralla), para bajar al puerto por las escaleras y callejuelas apretadas contra la rampa dos Guindáis (dónde luego tomaríamos el funicular para volver a subir). Las vistas son verdaderamente espectaculares, con el Puente de Dom Luís siempre de fondo, sobre el Duero; pronto le váis a sacar parecidos con la Torre Eiffel, y que no os parezca una tontería, ya que el ingeniero belga que lo diseñó, era discípulo del mismísimo Gustave Eiffel. Cruzamos el puente varias veces por la zona baja, en la que cruzan los coches.

Ponte de Dom Luís

Volvimos a la Ribeira, que sin duda, junto con el puente, es lo más característico y bonito de Oporto: cientos de casas apiñadas en la ladera del valle del Duero, creando una estampa multicolor que merecidamente se ha ganado el nombramiento de Patrimonio de la Humanidad. A lo largo de la Ribera, podemos encontrar fieles reconstrucciones de los barcos que transportaban las uvas (vino Oporto) o rabelos. Nosotros cogimos uno un poco más moderno (aunque no tanto!!!), para hacer un mini crucero por el Duero; aunque un poquillo caro, comparado con el Sena, el Támesis o el Tíber, merece la pena.

Crucero por el Duero

A la vuelta, nos pasamos al otro lado del río, lo que se conoce como Vilanova de Gaia; es aquí, dónde se encuentran todas las bodegas de Oporto. Por supuesto, visitamos una, con degustación incluida: por dos euros, tienes la visita y varios vasitos de distintas variedades del conocido vino.

Panorámica desde Vilanova de Gaia

Después, subimos a la parte más alta de Vilanova, en la Avenida de la República, para contemplar la Ribeira, que no dejaba de sorprendernos e incitarnos a hacer más y más fotos. Cruzamos nuevamente el puente de Dom Luís por la pasarela elevada, tanto en Metro como andando, para acabar tomando algo (probar la francesinha) en la Ribeira.

A Ribeira (desde Vilanova de Gaia)

Finalmente, regresamos al hotel, y nos duchamos; estaba a punto de llegar mi novia, con la que iríamos hasta Braga, para subir al Bon Jesús; nos volvió a impresionar tanto como cuando lo habíamos visto por el día, sólo que esta vez, se sumaban al espectáculo fotográfico, las múltiples luces que iluminaban Braga. El Bon Jesús, situado en el monte homónimo, es uno de los monasterios portugueses más conocidos; pertenece al estilo barroco, lo cual se manifiesta muy bien en sus adornadas escaleras; quizás, la estampa más característica, sean estas escaleras, donde los peregrinos van encontrándose escenas de la Pasión de Cristo, culminando su esfuerzo en el Templo de Dios resguardado en la iglesia que se encuentra en la cima de la colina.

Bon Jesús (Braga)

Regresamos a Oporto, y tras unos paseos por las orillas del Duero, y algunas fotos del Puente de Dom Luís iluminado, volvimos al hotel, a cenar y tomarnos la botellita de Oporto que habíamos comprado por la tarde.

Panorámica nocturna desde Vilanova de Gaia

Al día siguiente tocaba madrugar, para tomar un vuelo en oferta con Ryanair a Londres Stansted, y de ahí el Stansted Express (comprarlo por la web de Ryanair, ya que sale mucho más barato) al centro de Londres (Liverpool Street). Algunas fotos, adquisición de billetes válidos 48 horas, y desplazamiento hasta la Estación de Kings Cross, para ver los famosos andenes que salen en Harry Potter, y de paso, la iglesia de St. Pancras. De ahí, fuimos a dejar las cosas en el hotel (barato, en la zona de Earl’s Court), y aprovechamos para comprar la cena en los múltiples supermercados que había en la zona. Cogimos ropa de abrigo, chubasquero, y nos fuimos a la zona del Monumento (el más alto del mundo; en conmemoración del gran incendio de Londres); de ahí a Trinity Square, para ver el reloj de sol, y apreciar las panorámicas que se tienen de la Torre de Londres, residencia real oficial, a la que nos dirigimos a continuación; luego, cruzamos las famosas Bridge Towers, y nos dirigimos, por la otra orilla del Támesis al museo flotante en que se ha convertido el HMS Belfast; descubrir todas sus entrañas, os llevará más de 2 horas.

HMS Belfast

Seguimos avanzando por la otra orilla, y tras pasar el moderno Puente de Londres, llegamos a la Southwark Cathedral; si seguimos avanzando, tenemos la sensación de sumergirnos en una antigua película de intriga, con pasadizos estrechos, canales misteriosos que albergan barcos históricos atrapados en su memoria, galerías subterráneas, … y todo ello amenizado con una gran variedad de bares, restaurantes, pubs y bodegas, dónde detenerse a reponer fuerzas con la incomparable estampa de las Bridge Towers de fondo.

Bridge Towers

Cogimos el metro, y nos fuimos a la zona del Big Ben, del cual tomamos múltiples fotos desde todos los ángulos, aprovechando para divisar la totalidad el complejo que constituyen las Casas del Parlamento. Aprovechamos los restaurantes que hay detrás de la Gran Noria para probar los famosos “fish & chips”. Entramos al centro de videojuegos de Namco, y luego volvimos a cruzar el Puente de Westminster, para bajar toda Victoria Street, deteniéndonos en la Abadía de Westminster (famosa por las bodas reales y las tumbas de célebres personalidades), el Westminster Central Hall, varios teatros y edificios modernos, para al final, llegar a la Catedral de Westminster, de estilo bizantino; aquí, aprovechamos para probar algunas variedades de sushi en un restaurante japonés.

Big Ben

Como teníamos todos los transportes incluidos, nos montamos en un típico bus de dos pisos hacia la zona de Westminster, para ver el Big Ben iluminado, y de ahí, empezamos a andar hasta la Catedral de St. Paul (inconfundible; enorme cúpula casi tan grande como la del Vaticano). Bajamos por Peter’s Hill hasta el puente peatonal del Milenio, desde dónde se obtienen buenas panorámicas de los edificios londinenses modernos, de las Bridge Tower, de la Catedral de St. Paul’s, y de la reconstrucción del Teatro de Shakespeare. La idea, era tomar algo en la zona cercana al río de la que os he hablando algunos párrafos atrás, pero el cansancio y dolor de pies de alguno/a, hicieron que recortáramos el itinerario, y nos fuéramos directamente a Picadilly Circus; tras ver las enormes pantallas publicitarias, Trocadero, y la fuente de los caballos, subimos a China Town; recorrimos sus singulares calles llenas de restaurantes típicos, y bajamos a Trafalgar Square, considerada la Milla 0 para los británicos. Finalmente, bajamos toda Whitehall hasta la zona de Westminster, para tomar algunas bellas panorámicas nocturnas del Big Ben, Casas del Parlamento y Gran Noria. Y ya nos fuimos al hotel, dónde preparamos la cena que habíamos comprado en el microondas, y nos fuimos a dormir prontito.

Puente del Milenio (Catedral de St. Paul's, al fondo)

Al día siguiente, algo menos cansados, empezamos con un buen desayuno inglés en el hotel, y bajamos al Estadio del Chelsea; luego, seguimos haciendo uso de nuestro billete para todos los transportes públicos, y nos fuimos en bus al Bristish Museum, visita rápida, y nos dirigimos al Parque de St Jame’s; eran las 11:30, y la gran multitud de turistas ya nos adelantaba que algo iba a suceder en los alrededores: efectivamente, iba a tener lugar el famoso cambio de guardia.

Tras ver el cambio de guardia, unas cuantas fotos con los soldaditos, mientras se despejaba aquello de gente, y nos fuimos al embarcadero, para tomar un barco hasta Greenwich (unas 7 libras por persona, el más barato), en cual, degustaríamos unas cervecitas durante el trayecto.

Crucero por el Támesis

Al llegar, nos dimos una vuelta por el pequeño pueblo antiguo, dónde aún se respiran aires de navegante, vimos el Cutty Sark, la tienda más antigua del mundo, la Queen’s House, y empezamos a subir por el Parque de Greenwich hasta el Observatorio Real, y de ahí al punto exacto por el que actualmente, se cree que pasa el Meridiano 0, desde dónde se miden todas las longitudes; tantas veces leyendo y oyendo hablar de él, y parecía mentira que estuviéramos allí, en la longitud 00º00’00’’.

Meridiano de Greenwich

La vuelta fue algo complicada, ya que habían cancelado los trenes al centro, así que tuvimos que hacer unos cuantos trasbordos, pero conseguimos llegar a tiempo a Liverpool Street, para coger nuevamente el Stansted Express y dejar a mi novia en el avión que la devolvería a Oporto (de ahí, conduciría hasta su casa). Nosotros nos quedamos un rato más en el aeropuerto, y de ahí, cogimos un bus hasta Cambridge; una ciudad preciosa llena de universidades, o más bien una universidad tan grande como una ciudad; allí todo es bonito, su pequeño río, todas las aulas, bibliotecas (muy importante la Biblioteca Principal de Cambridge), sus callejuelas, sus jardines, … todo. Eso sí, todo es muy tranquilo y dedicado al estudio; sólo hay bares y algo de movimiento en un trozo de calle frecuentada por españoles; todo el mundo va en bici, y en el cesto de la bici, todo el mundo lleva libros; si miras por las ventanas, sólo ves gente estudiando; en los bares, hay gente con portátiles estudiando; la iluminación es tenue para no molestar a los estudiantes, y por la noche apagan los grandes focos … vamos, otro mundo, aunque eso sí, todo muy bonito, sobre todo el King’s College.

Cambridge

Existe un bar español (hay dos argentinos que te entienden perfectamente), pero toda nuestra comida la venden como exquisiteces para el paladar, así que imaginaros los precios. Nos tomamos unas cervezas (Estrella Galicia), unas alitas de pollo, calamares y unos quesos, y nos fuimos a la parada de bus, donde tomaríamos otro bus al aeropuerto de Stansted; aprovechamos para dormir unas horas bajo los mostradores de EasyJet, y sobre las 6 de la mañana cogimos otro avión a Dublín, no sin antes desayunar al más puro estilo inglés.

Desayuno inglés

En Dublín, cogimos un bus barato al centro (16a, creo recordar), y bajamos la famosa O’Connell Street hasta el Trinity College; luego subimos por Grafton Street tras ver la conocida estatua de Molly Malone, llegando hasta le Parque de St. Stephen’s. De ahí, fuimos hasta el Castillo de Dublín y la zona del Temple Bar (tomaros una pinta de Guinness con ostras). Recorrimos todas las bonitas y concurridas calles del centro hasta llegar a la Catedral de St. Patrick’s; subimos toda la avenida en dirección al río Liffey, para ver el complejo de Christ Church Cathedral, y otras pequeñas capillas, que nos íbamos encontrando en el camino hacia la Fábrica de Guinness; recorrimos todas sus plantas, enterándonos de la fabricación de este manjar, y acabamos la visita tomándonos otra Guinness en el bar mirador de la última planta.

Grafton Street

Deshicimos el camino andado por la otra orilla del río, hasta que llegamos a la Vieja Destilería de Jameson; muy interesante, aunque demasiado enfocada a los turistas; vimos la vieja chimenea de Smithfield Plaza, y tomamos un tranvía hasta O’Connell Street, de dónde volveríamos a tomar otro bus al aeropuerto; como llegamos con tiempo, sacamos las tarjetas de embarque y nos fuimos a comer un poco de carne (que ya la echábamos de menos), a un restaurante buffet.

Vieja Destilería de Jameson

Tras un completo recorrido por todas las tiendas de recuerdos, pecando en algunas compras, saboreamos una última Guinness y nos montamos en el avión que nos devolvería a Barajas. Con nostalgia irlandesa, pusimos fin a nuestra pequeña pero gran escapada, y yo pongo fin al presente relato; pero tranquilos, que hay muchas más cosas que contar, ya que, ya estamos preparando la segunda parte de Il Giro por Italia, para este verano …

Aínsa … increíble


Han sido tan sólo dos días en este precioso pueblo medieval, perteneciente al Alto Pirineo de Huesca; una escapada breve, pero intensa; aunque no lo parezca, este pueblecillo de apenas 2000 habitantes, tiene mucho que ofrecer; y ya no sólo el pueblo en sí, sino el entorno, coronado por la majestuosa orografía condicionada por los cercanos Monte Perdido y Parque Nacional de Ordesa. Los hoteles son escasos y caros, pero este precioso paraje a tan sólo 40 kilómetros de la frontera francesa, merece la pena. Nosotros nos alojamos, a pié de la montaña, en lo alto de la cual, domina el precioso castillo medieval; en los alrededores del hotel, la confluencia de los ríos Cinca y Ara (ni se os ocurra bañaros, ya que abren y cierran las compuertas de las presas, y el agua sube un par de metros) con sus característicos valles, típicos de la geomorfología pirenáica; hacia el otro lado, y subiendo una costosa cuesta, se accede al gran portalón y patio de armas del Castillo, precedentes de la bellísima Plaza Mayor; además del conjunto histórico medieval, se puede disfrutar de unas increíbles vistas desde las murallas que rodean la Plaza.

Panorámica de Aínsa (Huesca)

Para reponer fuerzas, no hay problema, ya que tanto la calle que sube al Castillo, como los alrededores de la Plaza Mayor están repletos de bares y restaurantes, que por la noche se transforman en improvisados pubs; la calidad, tanto de los alimentos como de las bebidas, así como el precio, siguen siendo los propios de cualquier pueblo del Norte.

Subiendo a la Plaza Mayor (Aínsa)

Os recomiendo también, que visitéis la Casa de Bielsa y la Iglesia de Santa María; y si os sobra tiempo, acercaros al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido hacia el Norte, o a Huesca hacia el Sur; no os arrepentiréis. Hacia Ordesa, son preciosos los valles de influencia glaciar que se abren camino entre los grandes peñascos de calizas y dolomías tableadas, cubiertas por un acertado manto blanco de nieve.

Castillo de Aínsa

Hacia Huesca, hay un monasterio cuyo nombre no recuerdo, pero que no tiene pérdida, ya que estaba indicado en todas las carreteras; además de la belleza del propio monasterio, son increíbles las vistas; más que increíbles, impresionantes. Ya sólo escuchar las anécdotas del guardián del monasterio, merece la pena. Huesca en sí, para mi gusto, no tiene mucho que ver, salvando la Catedral y alguna iglesia; eso sí, se come de maravilla.

Monasterio cercano a Huesca

La vuelta a Madrid, la hicimos por Zaragoza, aunque no tuvimos mucho tiempo para parar y verla bien; pero bueno, como ya la he visto en varias ocasiones, y la veré durante alguna parada-descanso de próximas escapadas, ya os narraré en otra bitácora, mis aventuras por la ciudad del Pilar.

… otra vez Alicante


En repetidas ocasiones, por motivos de trabajo o simplemente ocio, he bajado este año a Alicante, un destino turístico privilegiado en la costa del Levante español, aunque en verano llegue a ser demasiado agobiante, tanto por el calor como por la cantidad de turistas que recibe. La ciudad de Alicante, en sí misma, no tiene mucho que ver, y es por eso, que todas las veces que he ido, me he ido desplazando por la costa, de Norte a Sur, recorriendo sus preciosas playas; si nos quedamos en el centro, cabe destacar, como puntos de mayor interés turístico, los que siguen:

  • Castillo de Santa Bárbara: Dominando toda la ciudad, está situado en lo alto del Monte Benacantil; según las épocas de construcción, se distinguen la Torreta, la zona intermedia (destaca el Patio de Armas, el Baluarte de la Reina, y la Sala de Felipe II), y la zona inferior, mucho más moderna. Si se observa detenidamente desde lejos (desde el puerto, por ejemplo), se puede distinguir la silueta de una cara morisca, símbolo de la ciudad. Se puede subir en ascensor (acceso desde la playa por un pasadizo bajo la montaña), o subir andando por la zona posterior; nosotros subimos andando, y luego bajamos en ascensor; aunque el ascenso es matador, bien merece la pena, por las vistas, y las truncadas callejuelas que rodean la montaña.
  • Puerto: Al lado de la playa, y enfrente de la Plaza del Mar (con el castillo al fondo), resulta, sin duda un marco incomparable para parar a tomar algo. En algunas épocas del año, se pueden ver inmensos yates atracados en las inmediaciones.
  • Ayuntamiento: Construcción barroca de finales del siglo XVIII; resultan interesantes las columnas salomónicas de su fachada, así como algunas salas interiores.
  • Basílica de Santa María: Se trata de la iglesia más antigua de Alicante, y está construida sobre los restos de una antigua mezquita islámica. Tiene una humilde fachada barroca que destaca sobre el conjunto coronado por sus dos torres asimétricas.
  • Catedral de San Nicolás: De estilo renacentista, resulta poco vistosa desde fuera, pero es interesante el claustro interior, del siglo XV, con enormes arcos enrejados.

Además, en los alrededores, podréis encontrar algunos monasterios y ermitas bastante bonitas, pero sin duda, la mayor atracción turística, son sus playas y algunos parques temáticos de las poblaciones de los alrededores.

Por último, citar el Museo Arqueológico, que ocasionalmente recibe exposiciones itinerantes de gran valor (sin dichas exposiciones, tampoco tiene mucho interés).

Puerto

Castillo de Santa Bárbara