Recién llegadito de Zúrich, Neuhaussen, Vaduz, Sargans, Feldkirch, Innsbruck, Bolonia, San Marino, …


Diez horas más tarde de los previsto (nos cambiaron el vuelo desde Bolonia a Girona, y tuvimos que coger el primero del día siguiente desde Girona a Madrid), pero hemos conseguido llegar, y recorrer todos los lugares que nuestro planning marcaba. Empezamos, al igual que en el anterior viaje, en el municipio italiano de Bergamo, desde dónde tomaríamos un tren a Zurich, pero por motivos desconocidos, el tren no fue directo, y nos desalojaron en Lugano, y a partir de ahí, cogimos varios regionales para llegar a nuestro destino; aunque llegamos un poco más tarde, mereció la pena, debido a la belleza de los paisajes que los distintos tramos ferroviarios iban atravesando.

Tren Lugano-Zúrich

Al llegar a Zúrich, como íbamos un poco mal de tiempo, nos fuimos directamente a Winterthur, y de ahí a Neuhaussen; lo ideal hubiera sido llegar a la estación de Schloss Laufen, pero estaba cerrada por obras, así que tras un par de kilómetros andando, llegamos a las preciosas Cataratas del Rin; un precioso y mágico espectáculo, dónde las armónicas reflexiones de la luz en el agua, contrastan con el ensordecedor ruído que te da buena cuenta de la inmensa fuerza con la que el agua salva el salto de 25 metros que el Rin se encuentra a su paso. Y es que por eso son las mayores cataratas de Europa; la verdad, es que se trata de un espectáculo único que le recomiendo a todo el mundo; los pueblos de los alrededores, también son muy bonitos, caracterizados por un marcado contraste policromático en armonía con las típicas casitas bajas suizas.

El Rin, a su paso por Neuhaussen

Cataratas del Rin

Tras pasear por todo el entorno, fotos desde una orilla, desde la otra, barquito que cruza el Rin, …, volvimos a Zúrich, aprovechando los supermercados de la estación, para comprar algo de comer y de beber; después de un breve paseo por los alrededores del Limmat, dejamos las cosas en el hotel, nos duchamos, y bajamos a recorrer esta hermosa ciudad. Lo mejor, es perderse y dejarse llevar por las callejuelas que constituyen el casco histórico, desde la zona moderna hasta la desembocadura del río en el lago de Zúrich; sin plano y con poco tiempo perdido en su búsqueda, pronto daréis con la Plaza del Ayuntamiento, la Iglesia Fraumünster, la Catedral Grossmünster, y un sinfín de singulares edificios que parecen sacados de una época medieval. Si tenéis algo de tiempo, permitiros un paseo en barco (hay numerosas líneas y no son demasiado caros; además, si tenéis el billete de transportes combinados para todo el Cantón de Zúrich, los barcos también están incluídos); si tomáis un barco, y aún disponéis de algo más de tiempo, también os recomiendo una parada en los alrededores del Casino, y en el Parque Zürichhorn, dónde se encuentra la famosa escultura metálica Heureka.

Panorámica nocturna de Zúrich

Tras visitar todos los puntos que nos interesaban de la ciudad, subimos a cenar al hotel y a tomar unas cervezas (se pueden encontrar hoteles muy baratos en el centro, aunque eso sí, con baño compartido; con respecto a la fiesta, hay mucho dónde elegir, y hasta altísimas horas de la madrugada), para acostarnos relativamente pronto, que al día siguiente madrugábamos para tomar un tren a Sargans. Un pueblo pequeño, que no tiene mucho que ver, salvo el castillo que domina el campo visual desde una colina; a nosotros nos valdría para tomar un bus al cercano Liechtenstein.

Sargans

Si no fuera por las banderas y algunos carteles, ni te darías cuenta de que has cambiado de país; la arquitectura y la belleza de sus paisajes, sigue siendo la misma que en Suiza. Nosotros, nos centramos en las ciudades más pobladas, junto con la capital, Vaduz, que al ser a la que más tiempo le dedicamos, la recorreríamos entera; incluso nos sobró tiempo para bajar al Estadio cerca del Parque del Rin, y ver algunos pequeños laguitos y afluentes del Rin que hay por la zona; como aún nos sobraba bastante tiempo, decidimos ir hasta Schaan, andando, pero no por la carretera, sino perdiéndonos en sus preciosos bosques, desde los cuales casi siempre se divisaba el precioso Castillo de Vaduz.

Castillo de Vaduz

Al llegar a Schaan, la ciudad más poblada del país, es la Iglesia de St. Laurentius, la que domina el territorio; además de ésta, y la constante belleza de sus paisajes, no hay mucho más que ver en la ciudad; si os sobra algo de tiempo, os podéis acercar a unas reservas de aves y otros animales que hay cerca de la estación. Era en esta estación en la que nosotros tomaríamos uno de los poco frecuentes trenes que van a Felkirch, en la frontera austríaca.

Schaan

En Feldkirch, destaca el antiguo barrio medieval, muy bien conservado, la zona peatonal (Fußgängerzone), el Castillo y la Catedral de San Nicolás. El imprevisible no paso de un tren, hizo que no nos pudiéramos detener en Feldkirch, así que continuamos hasta Innsbruck, donde tomaríamos otro regional hasta Wattens, con la intención principal de ver la Fábrica de Swarovski.

Feldkirch

Más que una fábrica, se trata de un parque temático, antojo de los propietarios de ésta, que es la primera fábrica de la marca (se instaló aquí, aprovechando la fuerza del río para mover sus primitivas máquinas). Lo cierto, es que está entretenida, y tiene salas muy bonitas y llenas de fantasía, la misma fantasía surrealista que envuelve los precios de los objetos que encontraréis en la tienda que, como en cualquier lugar similar, desembocas antes de abandonarlo. Decir también, que si no os apetece pagar la entrada, el recinto exterior, también tiene su encanto, y se puede acceder de forma gratuita.

Fábrica de Swarovski (Wattens)

Finalmente, nos fuimos a Innsbruck, y nada más llegar, aprovechamos la amabilidad de un operario del último funicular, para subir al Nordpark, desde dónde se tienen unas preciosas vistas de la ciudad, encajada en el valle del Inn. Al bajar, el recorrido turístico para no dejaros nada sin ver, es muy sencillo; detrás del Palacio Real, comienza una calle peatonal que lleva hasta la plaza del Tejadillo de Oro, símbolo de la ciudad; en esa misma plaza, comienza la calle peatonal más importante: la de María Teresa, que os llevará hasta el Arco del Triunfo, ya próximo a la estación de tren; entre medias, veréis numerosas iglesias y basílicas, el antiguo Parlamento, la ciudad vieja, el Teatro, … Y por último deciros, que si disponéis de tiempo, os acerquéis a la Torre del Tranpolín de Salto (Bergisel), también muy conocida en la ciudad; no se encuentra lejos de dónde entrenaron nuestros nacionales durante la celebración de la Eurocopa.

Panorámica de Innsbruck (desde Nordpark)

Innsbruck (María Teresa, con el Tejadillo Dorado, al fondo)

Tras comprar multitud de quesos, y cervezas (muy baratas, por cierto), abandonaríamos el país en dirección Brennero, en la frontera italiana; se trata de un importante paso de los Alpes, y quizás el camino considerado más fácil para atravesarlos, desde hace tiempo. Además de la curiosidad fronteriza, y la abrupta, pero bella morfología paisajística, el municipio en sí, no tiene mucho que ver, así que tomamos un tren nocturno hasta Rímini, en la costa Este italiana.

Brennero

Además del turismo playero, Rímini cuenta con el Puente romano de Tiberio, el Arco de Augusto, algunos anfiteatros, termas, y otros restos romanos. La ciudad se encuentra amurallada, y aún se pueden ver algunos fragmentos del mármol original entre los restos de las murallas. Por último, os recomiendo que os toméis una cerveza en la Plaza Malatesta, y que paseéis al atardecer por el modesto puerto.

 Rímini

Nosotros, llegamos a Rímini, no por la ciudad en sí misma, sino para coger un bus hasta San Marino, que se encuentra a pocos kilómetros. Ésta, que presume de ser una de las repúblicas más antiguas y pequeñas del mundo, tiene mucho que ofrecer al visitante; nosotros, visitamos la capital, y la parte alta de la ciudad, es preciosa, y las vistas son espectaculares, si no os toca un día con tanta niebla como nos tocó a nosotros. Una vez en las murallas cercanas a la Plaza de Santa Ágata, subir y subir, perdiéndoos entre sus empinadas callecitas, y al cabo de dos horas habréis visto todos los puntos interesantes de la zona: La Rocca y las otras dos torres, las murallas, la Basílica del Santo, el Palacio Público, la Plaza del Pueblo, el antiguo Monasterio … Y, si os sobra tiempo, coged el teleférico hasta el Borgo Maggiore, dónde se encuentran varias iglesias y capillas que merecen la pena.

Palacio Público de San Marino

Tras deshacer lo andando, otra vez en el mismo autobús, llegaríamos a Bolonia, punto final de nuestro viaje. Ciudad universitaria italiana por excelencia (quizás su Universidad fuera la primera de Occidente; el caso, es que tuvo estudiantes tan importantes como Copérnico, Erasmo, Dante, …), también cuenta con muchos monumentos, avenidas y plazas, perfectas para el disfrute de la vista del visitante; no os perdáis la Plaza Mayor, la Plaza Neptuno, las Dos Torres, la Universidad, la Catedral, el barrio antiguo, las vistas sobre el riachuelo, …

Bolonia

Finalmente (aunque unas cuantas horas más tarde de lo previsto), cogimos un vuelo a Girona, y a la mañana siguiente de Girona a Madrid, poniendo fin a este intensísimo viaje, en el cual, nuevamente hemos puesto a prueba nuestro ingenio y capacidad de reacción antes los innumerables imprevistos que han ido surgiendo a lo largo del mismo.

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