Ya he vuelto del viaje familiar por Italia


Acabo de volver de esta espectacular escapada familiar que nos ha llevado a recorrer Venecia, Treviso, Roma y Milán. La historia comienza en el Aeropuerto Marco Polo, de Venecia; no soy muy dado a volar con grandes compañías, o aterrizar en aeropuertos principales que son más caros, pero una suculenta oferta de Iberia, cogida a tiempo, me hizo cambiar de opinión. Como decía, comenzamos nuestras aventuras en los alrededores del Aeropuerto de Marco Polo, haciendo fotos a los curiosos taxis acuáticos; obviamente, no cogimos ninguno ya que rondaban los 100 €; los barcos de línea son más baratos (sobre 13 € por persona), pero tienen una baja frecuencia; realmente, la forma más barata, aunque menos cómoda, es ir en bus hasta Piazzale Roma con ACTV o ATVO, costando los billetes sobre 3 € por persona, y en 25 minutos estás en la Isla de Venecia. Eso fue lo que hicimos nosotros, y al anochecer, estábamos cruzando el Puente de la Libertad, que une la Isla de Venecia con el continente.

Puente de Calatrava

Desde Piazzale Roma, accederíamos a la zona de la Estación de trenes, mediante el Puente de Calatrava, el cuarto construido sobre el Gran Canal; tras trece años de construcción, aún continúan los estudios acerca de su viabilidad, ya que es mucho peso el que soportan las orillas. Un poco más adelante, nos detuvimos en el Puente de los Descalzos, para divisar las preciosas panorámicas nocturnas que nos ofrecía Venecia; desde aquí, también se divisa la Riva de Biasio, donde G. Biasio tenía la charcutería en la que vendía grandes salchichas a los dogos venecianos, hechas a partir de carne humana; hicimos algunas fotos hacia la Basílica de San Simeone, y a la Iglesia de los Descalzos, y continuamos hasta el Puente de las Agujas, pasando por el Campo S. Geremia (destaca el Palacio Labia, uno de los más significativos del estilo Barroco); el puente de las Agujas, debe su nombre a los adornos de su base, siendo el único que presenta dichos adornos. Por fin, cruzamos el puente, y llegamos a Campo S. Leonardo, dónde estaba nuestro hotel; un hotelito sencillo, enmascarado entre las paredes de un antiguo palacete de 1600; dejamos las cosas, según admirábamos las grandes lámparas de la época que contrastaban con la antigüedad de las habitaciones; llevábamos la cena desde Madrid, así que no nos preocupamos por la hora, y salimos a descubrir la magia de la Venecia iluminada, a la vez que misteriosa.

Panorámica de Venecia (Gran Canal), por la noche

Avanzando un poco más por la misma calle S. Leonardo, llegábamos a La Magdalena (iglesia de planta hexagonal, del siglo XVIII), y al Palacio Vendramín, dónde Wagner pasó los últimos días de su vida. Luego subimos hasta el Canal de la Misericordia, que se va ensanchando hacia el mar, divisándose la Isla de San Michele (cementerio), y la Isla de Murano (famosa por sus cristales); en los alrededores, también se encuentra la casa de Tintoretto, y el Ponte Chodo (el único que queda, aún sin barandillas). Bajamos otra vez, hasta Ca’ d’Oro (uno de los palacios más significativos de Venecia), y continuamos hasta el Puente de Rialto; este, es sin duda, el puente más conocido de la ciudad, a la vez que el más antiguo (aproximadamente, construido en 1500, aunque, anteriormente, ya existían otros proyectos con puentes de madera y puentes flotantes); debido al tráfico náutico, fue necesario construir un puente con un solo arco, que se apoyaría en 300 pilotes de madera a cada lado; las tiendas de los laterales, servirían para pagar los impuestos necesarios para el costoso mantenimiento de dicho puente; aunque parece que se trata de un arco rebajado, es sólo un efecto del agua, que cubre las bases del puente. Pasando por multitud de iglesias y conventos, nos dirigíamos ahora a la emblemática Plaza de San Marcos, pero no sin antes, pasar por la Calle de los Asesinos, quizás la calle dónde más asesinatos se producían en la Venecia antigua (ya sea por la niebla, por costumbre, o simple casualidad); para evitar tantas muertes, en 1400 se implantaron el Edicto de la Luz (para mantener la calle siempre iluminada con un farolillo de aceite), y el Edicto de las Barbas (todos debían ir afeitados para distinguir a los asesinos, ya que muchas veces, los asesinos se escondían bajo unas grandes barbas). Como anécdota, decir, que durante la Segunda Guerra Mundial, este fue el lugar elegido para establecer el Cuartel Militar nazi, dónde se seguirían sucediendo las muertes. Cerca, está la Calle de la Muerte, dónde el Consejo de los Diez (antigua policía secreta veneciana) asesinaba a cualquiera que pudiera dar una mala imagen a la ciudad. Al fin, llegamos a San Marcos, unas cuantas fotos de la plaza ténuamente iluminada, y regresamos al hotel para cenar.

San Marcos, por la noche

Al día siguiente, nos levantamos prontito, y tras un buen desayuno en el hotel, cogimos un vaporetto nuevamente a San Marcos, para tener otro punto de vista del Gran Canal, con todo su esplendor y ajetreo de un día corriente. Serían unos 4 kilómetros de recorrido en una gran avenida acuática que puede alcanzar los 80 metros de ancho; nosotros hicimos escala en el Puente de Rialto, para verlo a la luz del día, y continuamos hasta el embarcadero de San Marcos. Para entrar en la plaza, rodeamos las dos columnas que dan al mar, ya que según la tradición, trae mala suerte atravesarlas, por ser lugar de múltiples ejecuciones; las inmensas columnas fueron traídas desde Constantinopla; una tiene un león alado (representa a San Marcos, actual patrón de la ciudad), y la otra, una estatua de San Teodoro (anterior patrón de la ciudad). La Plaza de San Marcos, representa el punto más bajo de la ciudad, y así se manifiesta con las inundaciones en la llamada “aqua alta”; era la antigua huerta del cercano Convento de Zacarias. La Basílica de San Marcos, fue construida en el siglo X para albergar el cuerpo de San Marcos, traído de Alejandría; es la iglesia más importante de Venecia. Tiene aires bizantinos (5 cúpulas), lo que demuestra la relación con Constantinopla. Muchos de sus tesoros, son fruto de los saqueos a Constantinopla, como la estatua equestre en la puerta (es una copia, ya que la original se guarda en el interior, después de recuperarla de mano de los franceses, ya que Napoleón se la había llevado a París). Se puede ver una curiosa escultura de color rojizo, que según la leyenda, fueron ladrones islámicos, que se quedaron petrificados cuando trataban de robar el tesoro de la Basílica. La entrada es gratuita, pero te cobrar en el interior, por acceder a cada una de sus salas. También destacan en la plaza, el enorme campanario (construido hace unos 100 años, ya que el anterior se derrumbó debido a un incendio), las Procuradorías y el Palacio Ducal (inicialmente, una fortaleza, que tras varias ampliaciones llegó a juntarse con la Basílica y se convertiría en la residencia oficial de los dogos y otras personalidades importantes de la época). Abandonamos la plaza por el lado contrario, para desde el Puente de Paglia, contemplar el Puente de los Suspiros (actualmente en obras); aunque muchos enamorados, se prometen aquí su amor eterno, por aquello de los suspiros de amor, realmente, la historia no es así; los suspiros de aquél puente, eran de los presos que iban a ser decapitados; estos presos se encontrarían en el edificio anexo al Palacio Ducal (prisiones), y al cuál, se accedía mediante dicho Puente de los Suspiros (desde el interior del Palacio Ducal).

Palacio Ducal (San Marcos)

Continuamos la marcha hacia Santa Maria Formosa, parando antes en el Convento de Zacarias (al cual pertenecía la huerta convertida en Plaza de San Marcos; teóricamente, en su interior, se guardan los restos de San Zacarías, padre de San Juan Bautista); Continuamos por San Próvolo hasta el Palacio Priuli, a cuyos pies se alza el Ponte del Diavolo, dónde según la leyenda, se aparece el Diablo (a veces en forma de gato negro), con el objetivo de saldar la deuda con una bruja (resucitó el cuerpo de un joven a cambio de conseguirle 7 almas infantiles al Diablo). Llegamos al fin a Santa Maria Formosa, cuya iglesia original data del siglo VII, debiendo su nombre a la supuesta aparición de la Virgen como “mujer de la moda”. Nos dirigimos ahora al Puente de la Academia (el último de los cuatro que cruzan el Gran Canal), pasando antes por el Teatro Fénix, donde tuvieron lugar estrenos de importantísimas piezas de ópera. Cruzamos el puente, y nos acercamos al Museo Guggenheim y al Palacio Ca’ Dario, o el Palacio Maldito, como lo conocen los venecianos, debido a que todos sus propietarios han fallecido en extrañas circunstancias; un par de fotos y continuamos hasta la imponente Basílica de Santa Maria della Salute (actualmente en obras). Está dedicada a la Virgen Santísima, a causa de la peste que se cobró la vida de 80000 venecianos; se empezaría a construir tras la erradicación de la peste, allá por 1600, sufriendo todo tipos de efectos paranormales (la causa: un cementerio en el lugar donde se incrustaron más de un millón de troncos de madera a modo de cimientos; fueron los del Consejo de los Diez quiénes encontraron cadáveres de cientos de niños den el lugar; tras darle sepultura, las obras continuaron con normalidad). Dando la vuelta por la Ponta della Dogana (terreno ganado al mar tras la construcción de la basílica), volvimos a la estación por el Canal de Giudecca. Pasaríamos por San Bárnaba (iglesia que sale en la película de Indiana Jones y la Última Cruzada), y por Santa Maria dei Frari (una de las más grandes iglesias de Venecia, y la única que conserva el enrejado original del coro). Finalmente, llegamos a la Estación de Tren de Santa Lucia, donde tomaríamos un tren (bastante frecuentes) a Treviso.

Santa Maria della Salute

Treviso, no tiene mucho que ver, pero desde su aeropuerto se pueden encontrar muy buenas ofertas con Ryanair. Como íbamos bien de tiempo, aprovechamos para recorrer algunas de sus entramadas calles, canales y puentes; al salir de la estación, se pueden seguir las indicaciones hacia la oficina de turismo (unos 10 minutos andando), y quizás en sus alrededores se encuentren las plazas y las iglesias más bonitas, además de la cercana Catedral; nosotros subimos un poco más hasta el complejo de canales, puentes y antiguos molinos, que se encuentran en los alrededores de la Plaza de San Leonardo y la Pequeña Isla. Dejando atrás la Plaza Rinaldi, tras el Puente San Francesco, bajamos por la transitada Via Carnotta hasta la Catedral de San Pedro, peculiar por sus 7 cúpulas. Fue aquí, donde aprovechamos para comer (aún teníamos comida traída de Madrid). Por la Plaza del Duomo, también pasaba el bus que nos llevaría al Aeropuerto (comprarlo en un kiosco o en la Estación de tren; sólo vale 1 €). Mientras esperábamos el autobús, y como postre, comenzamos a saborear los ricos helados italianos. El autobús no tarda más de 15 minutos, y rodea la ciudad, pudiendo contemplar perfectamente las murallas. El aeropuerto es muy pequeño, por lo que se puede llegar con el tiempo justo.

Treviso

A media tarde, cogeríamos un vuelo a Roma Ciampino con Ryanair; con la puntualidad que caracteriza a Ryanair, llegamos al Aeropuerto de Ciampino media hora antes de lo previsto; nada más salir, están los buses de Terravision (comprarlos por Internet, ya que pueden llegar a salir a mitad de precio), que te llevan al centro (Estación de Termini) en unos 25 minutos. Tras ver la Plaza de la República y las Termas de Diocleciano (los baños más importantes de la Antigua Roma), fuimos a dejar las cosas en el hotel. Después de un breve, pero necesario respiro para los pies, bajamos a ver iluminados los monumentos más representativos de la Ciudad Eterna. Se hacía tarde, empezaba a hacer frío, y nos fuimos al hotel a cenar, ya que al día siguiente nos esperaba un día muy largo.

Coliseo, por la noche

Al día siguiente, tras un buen desayuno en el hotel, nos fuimos a la Estación de Termini a por la Roma Pass (da derecho a dos monumentos/museos gratis y al transporte urbano durante 3 días, por sólo 23 €); luego bajaríamos toda la Via Cavour hasta el Coliseo, viendo antes Santa María la Mayor, una de las basílicas mayores, y la única que conserva su planta original (el alzado, ha ido sufriendo diversas modificaciones tras el terremoto de 1348). Al fin, llegamos al imponente Coliseo, quizás la construcción más significativa de Roma; era el más grande que construyó el Imperio Romano (72 d.C.), teniendo capacidad para 55000-110000 personas según las fuentes; tantas personas, tendrían acceso al recinto mediante 80 entradas y unos 250 vomitorios. De planta ovalada, se emplearon en su construcción el estilo dórico, jónico, corintio y una mezcla en la parte superior; inicialmente, estaría recubierto de mármol blanquecino, que sufriría posteriores saqueos. El nombre se debe a la cercana estatua de bronce llamada El Coloso de Neron. Al salir del Coliseo, pasamos el Arco de Tito (uno de los arcos del triunfo más modernos de Roma; conmemora la batalla de Constantino I en el Puente Milvio), y accedemos al Palatino, una de las siete colinas de Roma. Se cree que aquí se instalaron los primeros pobladores; cuenta la leyenda, además, que aquí se encontraba la cueva de la loba Luperca, que amamantaría a Rómulo y Remo; fue residencia de los emperadores durante la época del Imperio Romano.

Detalle Coliseo

A continuación, bajamos al Foro Romano y al Foro de César; lo que en su día fue un pantano, se desecó para construir numerosas basílicas y templos cruzadas por la Vía Sacra; entre las ruinas que contemplamos, destaca el Arco de Tito (conmemora las batallas contra los judíos en Jerusalén), el Templo de Vesta (uno de los más grandes de Roma), el de Venus Genetrix … Cruzando la carretera, al otro lado, nos encontramos con el Foro de Trajano, donde destacan las columnas de la Basílica Ulpia, el Mercado de Trajano (semicircular), y la gran Columna de Trajano (más de 2500 figuras en relieve que narran las victorias del emperador). Al fondo, detrás del Mercado de Trajano, también se pueden observar las ruinas del Foro de Augusto. Nosotros continuamos hacia el impresionante monumento a Víctor Manuel II (el más grande de Italia) en la Plaza Venecia; en frente, se alza el Palacio de Venecia, desde cuyos balcones se dirigía Mussolini al pueblo italiano. Seguimos un poco más hacia abajo, y accedemos a la colina Capitolina por la Cordonatta (escalinatas planas, por las que se podía subir a la plaza sin tener que bajarse del caballo); la Plaza del Campidoglio fue reformada por Miguel Angel, a petición del papa, debido a la mala imagen que daba a Roma el descuido en el que había caído aquélla zona; en la zona frontal, se encuentra la actual sede del Ayuntamiento de Roma, y en los laterales, están los Museos Capitolinos (quizás, los museos públicos más antiguos del mundo); entraríamos a los Museos, dónde se guardan las colecciones más antiguas de Europa, destacando la Cabeza de Constantino y la Loba de Bronce. Tras descansar un poco los pies, en los bancos del interior del museo, seguimos avanzando en dirección al río, deteniéndonos antes en el Teatro Marcelo (el único de esta época que aún sigue en pie), los templos de Portunus y de Hércules (templos romanos construidos por la comunidad de griegos que habitaba esta zona), y la Iglesia de Santa Maria in Cosmedin (uno de los dos lugares donde se repartía comida en Roma), dónde se encuentra la Boca de la Verdad (enorme medallón circular de mármol, que data del siglo I; fue colocada en la iglesia hace unos 400 años, y se utilizó para matar a los mentirosos en la Edad Media, ya que la boca retenía o cortaba la mano de aquel que mentía).

Panorámica Foros Romanos

Aunque ya lo habíamos divisado desde el Palatino, nos paramos un momento a ver el enorme descampado en que se ha convertido lo que en su día fue el gran Circo Máximo (carreras de carros, vistas por unos 300000 espectadores). Nos dirigíamos ahora a la Isla Tiberina, dónde se encuentra el puente más antiguo de Roma aún en uso. Antes de cruzar a la Isla, se pueden ver los restos del Puente Amelio, que es el más antiguo de Roma. Atravesamos la Isla Tiberina, llena de misterio, ya que cuenta la leyenda que se construyó sobre el cadáver de Tarquinio El Soberbio; los romanos no quisieron entrar a la Isla hasta que no se construyo el Templo de Esculapio (dios de la medicina). Seguimos ahora, hasta Torre Argentina (actual residencia de gatos callejeros), dónde una reforma urbanística sacó a la luz los restos de cuatro templos romanos y el Teatro de Pompeyo; contrastando con las ruinas, en el moderno Teatro Argentina del siglo XVIII, Verdi, Rossini, y otros grandes músicos, estrenaría sus importantísimas óperas. Nuevamente empieza a refrescar, y el cielo amenaza con lluvia, así que aligeramos el paso, y vamos a descansar nuestros pies a la famosa Plaza Navona; inicialmente, habría sido un circo romano (aún conserva su forma elíptica), convirtiéndose actualmente en una de las plazas barrocas más famosas del mundo; lo más destacable, sin duda, son las fuentes de Bernini, sobre todo la central (Fuente de los Cuatro Ríos). A pocos pasos, está el Panteón, que es el monumento mejor conservado de la época romana; dedicado inicialmente a los dioses, luego se convirtió en lugar de culto cristiano; posee la mayor cúpula de una sola pieza del mundo, incluso algo más grande que la del Vaticano. Seguimos nuestro camino, y tras varias plazas, columnas, obeliscos y basílicas, llegamos a la mayor fuente barroca de Roma: la Fontana di Trevi. Está situada, como era costumbre, al final de un acueducto romano, en este caso, el Aqua Virgo (traía agua desde un lugar donde se encontró gracias a la Virgen; ese es el motivo de las esculturas de la fuente). Dando la cantidad exacta de pasos que nuestros cansados pies nos permitieron, llegamos a la Plaza de España, lugar donde italianos y extranjeros se reúnen en las escalinatas que suben a la Iglesia de Trinidad del Monte; así que no íbamos a ser menos: compramos unos helados, y descansamos los pies en dichas escaleras; delante, podíamos ver la Barcaza, una fuente que conmemora (según la leyenda), un episodio de crecida del Tíber, tal que arrastró barcos hasta la Plaza de España.

Plaza de España

Íbamos muy bien de tiempo, así que fuimos al hotel a ducharnos y cambiarnos, para bajar a algún restaurante cercano al Coliseo, donde cenaríamos algunas pizzas y diversos platos de pasta y entrantes italianos (antipasti). Aprovechamos para ver algunos monumentos iluminados, y cuando empezó a llover, nos metimos en una cafetería de Via Cavour, para saborear un majestuoso helado. Compramos algo de picar, unas cervezas y una botella del mítico limoncello, así que la prolongación en la habitación estaba asegurada … lo justo para al día siguiente levantarnos pronto. Aunque cansados, nos levantamos pronto y nos dirigimos a Barberini, para además de la fuente, ver la cripta de los monjes capuchinos, una curiosa sala funeraria decorada con los huesos de los monjes muertos; impresionante. Luego seguiríamos hasta la Plaza del Pueblo, también bastante importante, de estilo neoclásico, y dónde además de las fuentes, destaca el obelisco egipcio colocado originalmente en el Circo Máximo. Continuamos bajando por la transitadísima Via del Corso hasta el Mausoleo de Augusto (actualmente en obras), mandado construir por el emperador Augusto, al ver la tumba de Alejandro Magno en Alejandría. Seguimos el río hasta el Castillo de Sant ‘Angelo, que fue mandado construir como mausoleo por Adriano; luego se convertiría en fortaleza, casa de la nobleza y residencia papal.

Castillo de Sant 'Angelo

Finalmente, llegamos a la impresionante Basílica de San Pedro, en el Estado Ciudad del Vaticano. Se trata del edificio religioso más importante del catolicismo; ya el emperador Constantino mandara construir una Basílica, que sufriría consecutivas reformas a lo largo de los siglos, siendo la obra actual, proyecto de Bramante (1506), y continuada por Miguel Ángel, cuya mayor aportación, fue la enorme cúpula y La Piedad (clásica renacentista, en la que se maximiza la belleza de la Virgen, exagerando intencionadamente la edad de su hijo; se puede ver desde cualquier ángulo). También Rafael aportó ciertas pinturas, Bernini, el Baldaquino de bronce del Altar Mayor, y la Plaza de San Pedro, …

Basílica de San Pedro (Ciudad del Vaticano)

Nosotros también subimos a la cúpula (merece la pena), y bajamos a la cripta donde se encuentran las tumbas de los diversos papas. Teníamos además reservadas entradas para los Museos Vaticanos (enormes colas de hasta 1 kilómetro, así que reservar por Internet, y con bastante antelación); quizás fuera admirando las enormes colecciones cristianas, donde más sufrieron nuestros pies; al principio, empiezas con muchas ganas de verlo todo, pero llega un momento en el que el recorrido hasta la Capilla Sixtina, se hace interminable; pero al fin, el premio representado por la Creación de Adán, merece la pena (aunque, eso sí, mucho más pequeño de lo que se espera).

La Creación de Adán (Capilla Sixtina)

Tras ducharnos, descansar un rato y cambiarnos, volveríamos a la Fontana di Trevi por la noche, para comernos un helado con nuevos sabores, mientras admirábamos la preciosa fuente iluminada. Para acabar la agotadora jornada, cenamos en un restaurante cercano al hotel, y acabamos tomando los restos de comida y bebida en el hotel.

La Fontana di Trevi, por la noche

Al día siguiente, nos levantamos tan pronto que no nos dio tiempo a desayunar, ya que teníamos que coger un tren al aeropuerto, para luego tomar un vuelo a Milán. Desafortunadamente, salió con mucho retraso, y sólo pudimos ver el Castillo de Sforzesco, el Teatro della Scala (el mayor de ópera, del mundo), y bajar por la Via Dante hasta el majestuoso Duomo; se trata probablemente de la iglesia más representativa del estilo gótico, y es la más grande después del Vaticano y de la de San Pablo en Londres.

Duomo de Milán

Tras impresionarnos con las vidrieras interiores, hicimos un par de fotos en la Galería de Víctor Emanuel II, y cogimos el metro hasta la Estación Central, donde tomaríamos un tren rápido hasta Mestre (por el camino, se puede ver el Lago de Garda, el mayor de Italia), y de ahí, otro bus al Aeropuerto de Marco Polo (desde la estación de Mestre, ATVO, por 3 €), donde un vuelo directo a Madrid, marcaría el fin de nuestro viaje.

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Un pensamiento en “Ya he vuelto del viaje familiar por Italia

  1. hola espero qestes bien s p no se si todavia te acuerdes de no sotros soy la hermana de jhon guardia de lima peru espero qeste bien espero q me pueda respondes ps le dejo mi msn arli_mayce @hotmail.com espeor qme puda responder un saludo muy grande saludos a su familia aver si puede mandarme una foto de ustes y su familia

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