He vuelto de la megaescapada nórdica


Ya he vuelto de la megaescapada por los países nórdicos y bálticos; y, digo megaescapada, no por los días que he estado fuera, sino por la cantidad de lugares visitados.

 OH's

Empezaríamos el Viernes 5 de Diciembre, saliendo de Madrid con Ryanair, en un vuelo hacia Gerona, dónde haríamos noche, para al día siguiente salir (también con Ryanair) hacia Billund, en el centro de Dinamarca; dado que se trataba de un Puente importante en España, ésta era la mejor combinación económica para conseguir salir de España hacia los nórdicos en estas fechas. Billund, no tiene nada que ver, excepto la famosa Legoland (cuando está abierta, en época de algo más de calor), y algunos importantes hallazgos prehistóricos conservados en el Museo Moesgård.

 Billund

Aunque Billund no tenía mucho que ofrecernos, era el punto de partida ideal para partir hacia Århus (bus directo desde la Terminal del Aeropuerto de Billund hasta el Radisson SAS de Århus), un pueblo costero (Costa Este), dónde se conservan las casas más antiguas de Dinamarca; aunque utilizo la palabra "pueblo" para describirlo, debo decir, que es la segunda ciudad más importante de Dinamarca (después de Copenhague, claro). Tras ver el Concert Hall, bajamos por Thorvaldsensgade hasta el Jardín Botánico y el Pueblo Antiguo (Den Gamle By), dónde se conservan las casas más antiguas de Dinamarca; Luego, cruzando toda Vestergade, llegamos a la preciosa Catedral, rodeada de un entramado de calles peatonales dignas de recorrer tranquilamente. Finalmente, nos detuvimos en el Puerto (el más importante de Dinamarca), para hacer algunas fotos panorámicas, y volvimos hacia la Estación Central (desde aquí, tomaríamos un tren directo a Copenhague). Desde la Estación, se puede divisar la Ryesgade, una de las calles más transitadas de la ciudad. También merecen una visita, el Parque de los Ciervos, y la Residencia de Verano de la Reina de Dinamarca.

Catedral de Århus

Tomamos un tren rápido hasta Copenhague Central; aunque los trenes son excesivamente caros, se puede viajar a muy bajo coste aprovechando la tarifa Orange, que, como su nombre indica, utiliza trenes naranjas de clase más baja, acoplados a los trenes verdes normales; he de deciros que la diferencia en calidad, casi no se nota, y la diferencia en precio, es abismal; la única pega, es que hay que reservar con mucha antelación a través de la web de ferrocarriles daneses, que obviamente, sólo está en danés. En Copenhague, teníamos poco tiempo, así que vimos los Jardines Tívoli (preciosos, cuando los iluminan en ocasiones especiales; además, cuentan en su interior, con uno de los Parques de Atracciones más antiguos del mundo), y la Plaza del Ayuntamiento (Rådhuspladsen), quizás la estampa más famosa de la ciudad, junto con la Sirenita. Luego bajamos hasta el Palacio Real de Amalienborg, viendo el Canal de Nyhavn (el más famoso, pero no el más grande; lleno de bares y cervecerías) y la Iglesia de Fedrico (Frederiks Kirke), impresionante por su construcción en mármol, y su enorme cúpula; si se continúa andando por el puerto, se llega a la Fortaleza (Kastellet), próxima a la famosísima Sirenita; de vuelta, paramos en la Nueva Plaza del Rey (Kongens Nytorv), con una impresionante decoración y una pista de hielo improvisada. También os recomiendo que veáis el Barrio de Christianshavn, la fábrica de Carlsberg (no os imagináis la cantidad de variedades que existen de esta cerveza), y el Puente de Øresund, que comunica Dinamarca con Suecia (Mälmo).

Rådhuspladsen (Copenhague)

Cogimos el Metro (ojo: no hay revisores, ni empleados vendiendo billetes; sólo máquinas, y no cogen billetes, ni algunas tarjetas de crédito, por lo que os recomiendo que llevéis coronas sueltas) hasta el Aeropuerto, dónde tomamos un vuelo con Air Baltic hasta Riga; si reserváis con esta compañía (muy buenos precios comprando con mucha antelación), tenéis la posibilidad de reservar un minibus desde el Aeropuerto de Riga hasta vuestro hotel en Riga; si no, hay varios buses que os llevan al centro en un cuarto de hora (no todos aceptan euros). Riga es una ciudad muy pequeña, que se ve en poco tiempo. Nosotros empezamos en el Monumento a la Libertad (Brīvības Piemineklis), vimos la Ópera (Nazionālā Opera), y bajamos por Kālku hasta el entramado de calles que forman el Casco Histórico; aquí, ya es imposible daros alguna indicación; lo mejor es que andéis durante media hora en todas las direcciones, y acabáis viendo todo; quizás lo más importante, o de mayor interés turístico, sean la Catedral, la Iglesia de San Pedro, la Catedral Católica de Santiago, la Casa de las Cabezas Negras, y el Castillo de Riga; al acabar de ver el Casco Histórico, lo notaréis porque salís a la desembocadura del gran Río Daugava (Двина), en el Golfo de Riga; se pueden atravesar sus preciosos puentes, para obtener buenas panorámicas desde el otro lado. Ya, de vuelta a la estación nos detuvimos en el Mercado (parecía que estábamos en Rusia), y vimos la Casa de la Cultura. Finalmente, tomamos un bus a Tallin (nota: si os váis a mover en autobús, os recomiendo la empresa Ecolines, que llega a tener billetes 3 o 4 veces más baratos que la conocida Eurolines). Si en el mercado, ya parecía que nos habíamos teletransportado a los pueblos del Norte de Rusia, en el camino a Tallin, sufrimos la misma sensación …

Casa de las Cabezas Negras (Riga)

Tallin, tiene unas dimensiones similares a Riga, por lo que se ve muy rápido. Lo malo, es que la estación de autobuses está algo retirada del centro (hay algunos autobuses que paran en el Puerto, que se encuentra mucho más cerca del Casco Histórico). Desde la estación, subiendo por Tartu Maantee, en unos 10 minutos llegas al raro edificio del Radisson SAS, y desde ahí, subiendo una pequeña cuesta, tras 10 minutos, estás en el Parque que da acceso al Casco Histórico, un maravilloso paraíso medieval, disfrute para los ojos de cualquiera … Siguiendo cualquiera de las callejuelas peatonales, se llega a la plaza principal (Raekoja Plats), con su enorme torre y su famosa Casa de la Cerveza. Alrededor de la Plaza, todo es bonito, por lo que merece bien la pena recorrer todos los callejones y pasadizos. Finalmente, se puede subir a la zona alta, donde está la preciosa Catedral Rusa, y existen varios miradores desde donde tomar buenas panorámicas de la ciudad (hacia un lado, el Casco Histórico con el Puerto al fondo; y hacia el otro lado, el centro financiero y moderno de Tallin). Balando hacia el Puerto, se puede ver la Iglesia de San Olaf, y parar a tomar algo típico (más barato que en el centro), como el queso con enebro, o el cerdo gelatinado. Nosotros tomamos un barco de Tallin a Helsinki (existen vuelos muy baratos, incluso helicópteros, pero por las distancias y la espera en los aeropuertos, no nos merecía la pena); Hay muchas compañías que hacen este recorrido, y ofrecen unos precios muy variados según la hora, la época del año, la clase, la duración … Así que, si decidís viajar en barco, estar con bastante antelación en el Puerto, ya que a lo mejor llegáis, y vuestra compañía sale desde el otro lado, lo que supone 20 minutos andando, y si váis con el tiempo justito, lo podéis perder, y a ver cómo hacéis para entenderos en su idioma y conseguir otro billete …

Raekoja Plats (Tallinn)

Al igual que el resto de los viajeros, aprovechamos el viaje, para tomar unas cuantas cervezas (si sí; no os asustéis; hay gente que sólo coge el barco para beber, y realmente, acaban muy perjudicados), y quesos para reponer fuerzas, ya que la noche en Helsinki iba a ser larga, dura y fría … A eso de la medianoche, llegamos al centro de Helsinki; recorrimos Pohjoisesplanadi, y llegamos a la Catedral Ortodoxa, para luego retroceder por Unioninkatu, y ver la famosa Catedral Blanca de Helsinki; seguimos por Yliopistonkatu hasta la Plaza Kaivokatu, dónde se encuentra la Estación Central de trenes, un monumento en sí. Luego iríamos a los Jardines Botánicos, y de ahí hacia los lagos; cruzamos por Pitkäsilta, y llegamos a la curiosa Catedral de Kallio. Volvimos por el otro lado de los lagos, vimos las Instalaciones Olímpicas de los JJOO de Invierno, y bajamos por Mannehreimintie otra vez a la Estación Central, donde tomamos un taxi al Aeropuerto de Vantaa, y de ahí tomaríamos un vuelo a Rovaniemi, capital de la Laponia, en el Círculo Polar Ártico.

Catedral de Helsinki

Aún no había amanecido en Rovaniemi, cuando llegamos, aunque eso no es muy difícil, dadas las pocas horas de luz que tienen en esta época. Dimos unas vueltas por los alrededores del Aeropuerto (al lado del Pueblo de Papa Noel, y muy próximo al centro), y cogimos el bus del hotel (caro, pero más barato que un taxi), y fuimos a dejar las cosas en el hotel; tomamos un café calentito y muy cargado, y nos fuimos a recorrer Rovaniemi: la Plaza de Lordi, Rovankatu, la Biblioteca, los puentes, la Avenida Principal, el lago, y la Iglesia de Rovaniemi; finalmente subimos por Vapaudentie, hasta la Estación de Autobuses, donde cogimos un bus a Ranua, para ver los osos polares, y algunos otros ejemplares representativos de la fauna ártica.

Rovankatu (Rovaniemi)

Aunque hay pocas combinaciones de transporte público para llegar, merece la pena ir, aunque sólo sea a la reserva de animales; allí, en medio de la nada, hay multitud de animales árticos, en un entorno muy cuidado y adaptado tanto a las necesidades de los animales, como a las de los visitantes; los empleados, hablan muchos idiomas, son muy correctos y amables, y ya en el interior, puedes cogerte un trineo de plástico para descender por las pasarelas heladas.

Oso Polar en la Reserva de Ranua  

Después de ver toda la reserva, y tras múltiples caídas con los trineos, volvimos a coger el mismo bus hasta el centro de Rovaniemi, donde tomaríamos el bus local nº8, para ir al Pueblo de Papa Nöel. Si sí, donde vive el auténtico Papa Nöel, al cual, con unos pases especiales (gratuitos), te atiende personalmente, y en tu idioma, sea cual sea. Fuimos al Bar de Hielo, a la Oficina de Correos de Laponia, a la Ciudad de Hielo, al parking de las motos de nieve, a la Granja de Renos, … , y finalmente, obtuvimos el Certificado de haber cruzado del Círculo Polar Ártico. Todo mágico …

Círculo Polar Ártico (Pueblo de Papa Noel)

Por la noche, salimos en busca de la auroras boreales, pero no hubo demasiado éxito, así que nos fuimos a cenar y tomar unas cuantas cervezas típicas. Al día siguiente, y tras un enorme desayuno, cogimos un avión a Estocolmo (Arlanda, vía Helsinki). Si alguna vez llegáis al Aeropuerto de Estocolmo Arlanda, no cojáis el Arlanda Express; sale carísimo, y aunque te lo venden muy bien como que llegas en 20 minutos al centro, el Regional que se coge en la siguiente estación vale hasta 10 veces menos, y tarda 21 minutos. Una vez en Estocolmo, llama mucho a la atención, la división de la ciudad en mogollón de islitas, todas perfectamente comunicadas entre sí, por tren, bus, tanvía, y metro; obviamente, el transporte es carísimo, así que os recomiendo adquirir la tarjeta de un día (unas 100 coronas suecas). Al salir de la Estación Central, merecen la pena algunas iglesias, como la de Santa Clara (Klara Kyrka), pero lo verdaderamente bonito, está en la Isla de Gamla Stan (multitud de líneas tienen parada aquí); aquí, andes hacia dónde andes, todo es precioso: el Parlamento, la Casa de los Caballeros, el Palacio Real, la Torre Birger Jarls, la Iglesia Ridderholmen, las callejuelas peatonales alrededor de la Academia Sueca, … Son tantas las cosas que hay que ver, que para tener una panorámica de todo, nos fuimos a la siguiente parada de metro, en la Isla de Södermalm, donde existen varios miradores y restaurantes elevados, desde los cuales se divisa todo el Casco Histórico de Estocolmo; hay entenderéis porque algunos dicen que es la ciudad más bella de Europa …

Gamla Stan (Estocolmo)

Se nos hacía tarde, y volvimos a la Estación Central para coger un tren a Nyköping, un pueblecito costero al sur, el cuál no tiene mucho que ver, y menos por la noche, después de haber visto Estocolmo; destacan sus casitas de madera cerca del mar, unas pequeñas cascadas, y la plaza Stora Torget.

Nyköping

Después de andar un poco por las silenciosas y desiertas callejuelas, nos fuimos al aeropuerto, para volar a Frankfurt Hahn; el objetivo no sería Frankfurt, sino Luxemburgo …

Aeropuerto de Frankfut Hahn

Así que después de reponer fuerzas con algunas variedades de salchichas típicas, cogimos un bus a Luxemburgo (reservando con mucha antelación, desde la página del Aeropuerto, se pueden conseguir billetes desde 4 €). Aprovechamos el trayecto en bus para dormir un poco, que ya lo necesitábamos; como el bus nos dejaba en la Estación (Gare) Central, subimos toda la Avenida de la Liberté, hasta el Puente Adolphe (vistas tremendas tanto del Casco Histórico, como de las casitas del Valle); Subimos por el Boulevard Royal hasta el Parque de la Ville, dónde nos llamó a la atención que los árboles están iluminados con focos verdes y azules, lo que crea un precioso ambiente mágico en todo el Parque. Vimos todo el Casco Histórico, la Catedral, panorámicas desde los puentes, el Obelisco, …, y volvimos hacia la estación por la Avenida de la Gare, y así contemplar las perspectivas desde el otro lado; la verdad, es que resultaba muy bonito ver todos los tejados blancos que sobresalían del valle nevado …

Catedral de Luxemburgo

Volvimos a utilizar el bus a Hahn para dormir, y nuevamente tomamos unas cuantas salchichas (buenísimas), antes de coger un avión de vuelta a Gerona; el viaje llegaba a su fin …

Casas d'Onyar (Girona)

Aunque habíamos estado hace poco en Gerona, volvimos al centro, para comer algo y aprovechar el tiempo que nos sobraba antes de coger el avión de vuelta a Madrid. Y la verdad, es que estaba mucho más bonito con todos los adornos navideños … Cogimos puntualmente el Ryanair con destino a Madrid, dormimos un par de horas, y antes de irme a la Facultad (a solucionar el problema relatado en anteriores entradas del blog), estoy escribiendo estas breves descripciones de un viaje tan … IMPRESIONANTE …

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